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Y así, de forma entretenida y fugaz, ha transcurrido un año desde que empezó este blog. Y como bien señala la lápida conmemorativa, ahora toca “tancar la paradeta”: esta es la última página del Diario Ilustrado.

Muchos acontecimientos se han vivido este año. Volver a ellos es inútil, su recuerdo perdurará en la memoria hasta que el presente los sepulte, pero pervivirán en el ciberespacio, hasta que el servidor quiera.

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No termino el Diario Ilustrado porque ya no tenga nada que decir, au contraire. Lo termino porque no haya nada más atroz que algo sin fin. Y porque todo pingüino debe saber irse…

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El Ilustre Ilustrado se va agradeciendo a la gente que ha dedicado parte de su tiempo a leerlo: a los que han llegado buscando porno, a los que han encontrado algo de interés aquí y en especial, a los que han vuelto; a los lectores habituales; a las que me siguieron –miga tras miga- desde otros mundos. Y en especial, a la gente PRO y los Aurores.

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Y esto es todo. A ver qué me deparará el mañana 😀

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Aviso a navegantes: si has llegado aquí desde algún link perdido, no esperes que esto se actualice. Todo lo que contiene el Diario está en el Diario y libre eres de curiosear entre sus páginas, pero el autor no añadirá nada más.

Como si no tuviera ya bastante con editar el Diario, pasar la mopa al Rincón, escribir fanfics, mantener al día mis estantes virtuales de libros y películas, fotoleguear cine y hentai, contribuir en un foro de microeconomía de Taiwán, revisar guiones de películas porno y barrer las hojas secas que caen en el jardín, como si no tuviera ya bastante, decía, la Verde Manzanita y yo hemos tenido un hijo.

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Es una criatura curiosa, cultivada y –es de suponer, a juzgar por los padres-, eroticosa. Con él, o ella (pues es de sexo indefinido) uno se entretiene y hasta puede que aprenda alguna cosa.

No pretende dar lecciones a nadie, sólo sobrevivir y aportar alegría y orgullo a sus progenitores. Y contribuir, con su enorme humildad y minúscula capacidad, a exterminar la estupidez y el olvido humano. Y recordarnos que la vida es breve, cíclica y defectuosa.

¡Tenéis que ver al bebé!


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No sólo las cadenas de televisión quieren tener tus datos. El otro día fui al banco, a quitar el nombre de un muerto de la libreta de ahorrillos.

Tarea que se realizó con una inhumanidad digna de mención: se hablaba del “fallecido”, del “traspasado” como hablan del Banco Central Europeo, o del T.A.E…. cosas intangibles, etéreas… cosas “que escapan a nuestra comprensión”.
Oiga, que ese “fallecido” estuvo sentado en una silla incómoda como la que estoy yo, hace menos de un año.
(Esta rabieta por la inhumanidad tiene mucho que ver con el médico que acompaña al paciente hasta su funeral, del manga Say hello to Black Jack).

Banqueros_WallStreetUnos banqueros de Wall Street

Como yo no tenía ninguna cuenta en ese banco (¿una cuenta para tener qué?) tuvieron que abrirme una. Y me pidieron infinidad de datos. Tuve que mirar el DNI para confirmarle mi nombre (Marilyn Manson dice en su biografía: “he descolorido mi nombre”. Algo similar me ocurre a mí. Se me hace tan extraño, tan ortopédico, que suelo firmar como Leo Bennacker, sin pensarlo. Ese nombre, a diferencia de lo que pone el DNI, lo elegí yo). Harto de darle datos, le lancé:
¿Y esto es realmente necesario?
Bueno… tengo que poner algo –me dijo el tipo del banco, un lechuguino que cuando no tiene a nadie al otro lado de su mesita, sigue hablando, solo, por lo bajini.- Algo… sino, el programa no me deja seguir.

Estuve tentado de inventarme algunos datos secundarios. Porque siempre me ha gustado el teatro, y aquél que con más insistencia pregunta, bien se merece que se le mienta, para que aprenda que la pregunta no obliga a la respuesta coherente. Pero como soy cobardica, hice como los otros borregos y puse mi cuello bajo su guillotina.

Hago una reverencia japonesa y os pido disculpas.

A veces siento que si escribo es porque soy completamente incapaz de hacer otra cosa. No siento orgullo ni vanidad por ello, al contrario, una profunda depresión y sensación de impotencia me invade al ver como viven los demás.

suicidio

No entiendo el mundo, ni pretendo cambiarlo (¿por qué él a mí, sí?). Como mis admirados poetas malditos, mi vida ME es demasiada difícil para vivirla y aunque alguna vez me han dicho que palabras como éstas han ayudado a seres ajenos, no puedo alcanzar a comprender cómo.

marat

Mantengo una sonrisa, una voluntad de hacer sonreír a las que me importan (a ellas), y un falso equilibrio sensato.

La vida sigue, la función debe continuar…

Estrecho manos y agradezco, hipócritamente, acciones que no debería hacer falta agradecer. Destellos de humanidad que, parece, hay que alabar sino quieres correr el peligro de ser llamado bicho raro.

monstruo_interiorA veces me creo realmente que soy como quiero aparentar que soy.
Otras sé que soy el monstruo que habita en el silencio de mi interior.

Por dentro sólo oigo el aullido del viento helado, ese ojo del huracán, silencioso y frío, que va antes y después de una tormenta. Puede que la única tormenta, u otra de nueva; son tantas que ya he perdido la cuenta.

El pensamiento, siempre libre y siempre políticamente incorrecto, chirría ante estas falsedades. Y alrededor, palabras, palabras, y palabras. Las palabras, para mí, ya no pueden significar nada.

Hace casi un año que empecé las prácticas del CFGS en una empresa. Hace casi un año pues, que empecé a publicar, en mi blog de GrupoBuho, el Diario de un informático en prácticas. Lo que tiene que ser mi debut en el mundo editorial. Debut porque debería publicarlo.

¿Cómo?

A saber… La propia página de GrupoBuho permite que uno mismo se publique los libros, sin coste alguno (y sin repercusión alguna en el mundo real).

Hay mucha gente que ha publicado ya libros ahí.

La mayoría no tiene interés alguno (al menos para mí).

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Esa es la opción rústica. La gloriosa seria que una editorial de verdad mostrara cierto interés en mi obra (en mis miserias debería decir).

Luego, tras ese debut, debería publicarse (esta vez en una editorial seria) el primer volumen de Los 400 golpes. Una serie de 100 relatos breves cuya característica más simpática es que cada uno ocupa 400 palabras, o menos.

Hace casi un año, y sigo igual.

Los primeros cien golpes no están acabados. Creo que me faltan unos diez, aunque con la impagable (porque no cobra) ayuda de Selyna ya hemos revisado una cuarta parte.

Del Diario he logrado rescribir, editar, y revisar, una porción. Pero es un proceso tan lento.

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Soy perfectamente consciente que mi lentitud en la reescritura no sé debe sólo a la vagancia propia de alguien que prefiere escribir algo nuevo, antes que revisar algo escrito. Se debe, lectores cotillas, al pavor de acabar. ¿Y cuándo esté revisado qué? ¿Publicar? ¡Terror! Dar el más mínimo paso hacia esa dirección me aterra tanto que sigo dando vueltas en el mismo sitio.

Y así pasan los años.

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Hay una frase bonita para mi estado de hoy:

“Hiciste lo que podías o creías oportuno en ese momento, y no cabe lamentarse sino buscar soluciones”

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Dije que haría crónica de mi viaje a A Coruña (como dijo Selyna “el acontecimiento del año”) y ahora me da pereza. Debo hacerlo YA, o de lo contrarío no se hará nunca.

Debo revisar los textos de los 400 golpes, y aún quedan algunos para escribir (agh). Debería haber terminado hace tiempo la revisión del Diario de un informático…

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Y ya hace meses que debería haber reseñado algunas series de las que ahora sólo tengo un vago recuerdo. Y otros posts “actuales”, esperan desde hace tiempo en el tintero.

Tener un blog es un agobio. Quisiera trasladar a él toda mi existencia: compartir la música que escucho, los libros que leo, las películas y series que veo, las tonterías que se me ocurren, algún destello de humor cotidiano,… Y cómo no puedo trasladarlo, al menos reseñar lo destacado: subrayarlo.

Parece que tengo en alta consideración mi opinión, cómo si alguien, alguna vez, me la hubiese pedido para algo…

Pero me queda la esperanza, en el fondo de mi ser, que alguien, algún día y en algún lugar, pueda encontrarlo útil. Y para encontrarlo, primero habrá que escribirlo, claro.

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Y mientras, debería seguir escribiendo. Escribir de verdad, no esto. Pero ya hace tanto que no hilo dos palabras con sentido, que me siento como si tuviera que volver a empezar de cero (otra vez). Y ya cansa.

Para mí todo son torres. Ladrillo sobre ladrillo, peldaño sobre peldaño, y a la que me detengo, a la que dejo de escalar, me caigo al suelo y luego debo volver a empezar a apilar cajas. Siempre las mismas cajas, para no llegar nunca a ningún sitio.

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Y mientras, debería mover esa roca llamada objetivo B. Por que al fin y al cabo todo esto está muy bien, muy romántico y muy bohemio, pero este mundo mutante requiere que tengas un trabajo para no ser un anormal. Y de todos mis pájaros en la cabeza, el único que es comestible es el objetivo B.

Quizás sólo sea otra meta volante para retrasar mi encontronazo con la realidad.

Mecatxis la mar salá!

No hace ni un mes del nacimiento de este blog y, en parte, ya me arrepiento. Sigo sin encontrar un espacio propio y útil. En lugar de hacerlo diario, hago con él lo mismo que con mi otro blog: escribo varios posts, los programo y me olvido. Suspiro.

Hay que plantearlo de manera distinta. Escribir cada día antes de acostarse, por ejemplo. La rutina, siempre la rutina. Y dijo Rock Lee: “El trabajo duro supera el talento natural”

A por ellos, Lee

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Hubo un tiempo que Stephen King creía que el mercado estaba saturado de sus libros, y empezó a escribir (y publicar) con seudónimo. Ésta es una explicación a la pregunta de: ¿Por qué he hecho otro wordpress?

Parte de la biblioteca de Stephen King

Creo que el otro está demasiado lleno, que es demasiado denso, y que nadie va a perder el tiempo en recorrerlo a fondo.
Yo no lo haría.
(Debería dejar de medir a la gente por mi rasero, porque por suerte, el resto de la gente no es como yo).

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