No sólo las cadenas de televisión quieren tener tus datos. El otro día fui al banco, a quitar el nombre de un muerto de la libreta de ahorrillos.

Tarea que se realizó con una inhumanidad digna de mención: se hablaba del “fallecido”, del “traspasado” como hablan del Banco Central Europeo, o del T.A.E…. cosas intangibles, etéreas… cosas “que escapan a nuestra comprensión”.
Oiga, que ese “fallecido” estuvo sentado en una silla incómoda como la que estoy yo, hace menos de un año.
(Esta rabieta por la inhumanidad tiene mucho que ver con el médico que acompaña al paciente hasta su funeral, del manga Say hello to Black Jack).

Banqueros_WallStreetUnos banqueros de Wall Street

Como yo no tenía ninguna cuenta en ese banco (¿una cuenta para tener qué?) tuvieron que abrirme una. Y me pidieron infinidad de datos. Tuve que mirar el DNI para confirmarle mi nombre (Marilyn Manson dice en su biografía: “he descolorido mi nombre”. Algo similar me ocurre a mí. Se me hace tan extraño, tan ortopédico, que suelo firmar como Leo Bennacker, sin pensarlo. Ese nombre, a diferencia de lo que pone el DNI, lo elegí yo). Harto de darle datos, le lancé:
¿Y esto es realmente necesario?
Bueno… tengo que poner algo –me dijo el tipo del banco, un lechuguino que cuando no tiene a nadie al otro lado de su mesita, sigue hablando, solo, por lo bajini.- Algo… sino, el programa no me deja seguir.

Estuve tentado de inventarme algunos datos secundarios. Porque siempre me ha gustado el teatro, y aquél que con más insistencia pregunta, bien se merece que se le mienta, para que aprenda que la pregunta no obliga a la respuesta coherente. Pero como soy cobardica, hice como los otros borregos y puse mi cuello bajo su guillotina.

Hago una reverencia japonesa y os pido disculpas.