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Cuando hojeé La Biblia Satánica de Szandor LaVey por primera vez, tuve la impresión que me encontraba ante un trabajo de un mal estudiante de secundaria. No hablo de su contenido, sino del formato que le dio la editorial (que debe provenir, en parte, del manuscrito que LaVey les proporcionó).

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De entrada, en las primeras 24 páginas no haya nada. Bueno, está el prólogo de la edición, la introducción, el prefacio, y el prólogo del autor.

En las últimas 30 páginas tampoco hay nada. Bueno, están los apéndices, que incluyen un glosario de términos (prescindible, pues el libro ya contiene notas a pie de página explicativas); otra introducción (que en realidad es una pequeña biografía del autor) y una reseña breve de quienes son los personajes a los que el autor dedica el libro (estas reseñas son tan breves y genéricas que las puede hacer incluso alguien que no sepa quienes son los mencionados).

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Pero lo que más destaca en La Biblia Satánica y lo que lo asemeja a un trabajo de un mal estudiante de secundaria, es la gran cantidad de hojas en blanco que contiene. El libro, sacando esas 50 páginas de “nada” al principio y al final, está estructurado en cuatro apartados, que a su vez, se subdividen. En cada una de esas divisiones hay una hoja en blanco, a modo de separación. ¡El clásico relleno (que todos hemos puesto) en un trabajo para el instituto!

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Esto me recuerda aquel chiste de American Dad, cuando Roger se ofrece a escribir un trabajo sobre Henry Kissinger:
¿Henry Kissinger? Bueno, sólo sé que es judío, pero creo que lo podré alargar hasta las veinte páginas.

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A esta impresión de “la hoja en blanco” que tiene La Biblia Satánica, contribuye el formato del texto. Está escrito en una única columna centrada en la inmensidad de la página. Y la mayoría de páginas sólo están escritas en sus tres cuartas partes; aunque en muchas de ellas, el texto no llega ni a la mitad.

Todo esto contribuye a esa sensación de aire, de vacío en definitiva.

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En todo caso, esta esa una impresión personal del continente, no del contenido.

El contenido del libro es tan sensato como la vida misma, y todo aquel que no sea talibán de alguna de las viejas religiones, encontrará, en los textos de LaVey, más sentido común que en cualquiera de las (hipócritas) palabras de los templos. Eso, claro, por debajo la parafernalia ritual que hará las delicias de los fanáticos del show y la teatralidad.

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Anteriormente en este blog: como encontré por azar La Biblia Satánica

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