Tristan_Isolda

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Acto I

Sobre el puente de una nave que gobierna Tristán y que va de Irlanda a Cornualles, viajan la princesa Isolda y su fiel sirvienta y amiga Brangäne. Tristán ha sido enviado por su tío, el rey Marke de Cornualles, a buscar a Isolda, con la que el rey va a casarse. Un joven marinero, desde lo alto del mástil, canta “Frisch weht der Wind der Heimat zu” (Una fresca brisa nos conduce a la patria). Isolda está inquieta. Cuando Brangäne divisa de lejos la costa de Cornualles, Isolda exclama que más le valiera que el huracán destrozara la nave antes de la llegada. Brangäne pregunta afligida qué es lo que preocupa a su ama y entreabre la cortina de la cámara, con lo cual Isolda ve a Tristán, que está al timón.

Isolda vuelve a sentir deseos de morir, y ordena a Brangäne que pida a Tristán que se presente ante ella. Él se niega, pues debe mantener el timón firme. Kurwenal, su escudero, y los marineros cantan un hosanna a Tristán y una canción en que se relata un episodio de la infancia de éste: Irlanda había enviado a Cornualles a Mórold para cobrar un tributo de trescientos jóvenes y trescientas doncellas de quince años, pero Tristán le desafió y le cortó la cabeza. Luego, la envió en lugar del tributo.

Brangäne nota que la canción afecta a Isolda, y cierra la cortina. Entonces es Isolda quien relata – “Von einem Kahn, der klein und arm…” (De un caballero, pequeño y pobre…) – la otra parte de la historia-. Mórold era su prometido y ella juró vengarle matando a Tristán. Pero entonces llegó a Irlanda un joven, con una herida incurable, que había recibido en lucha. En realidad era Tristán, de incógnito, buscando un bálsamo milagroso que sólo conocía la madre de Isolda, para curar su herida en la lucha con Mórold. Cuando Isolda supo quién era el joven se acercó a él con la espada desnuda para cumplir su venganza, pero una simple mirada en los ojos inflamó la pasión de ambos. Isolda no le delató, le curó y le envió a su patria sano y salvo. Y ahora, explica afligida, ese mismo Tristán la viene a buscar para que se case con otro.

Brangäne trae el cofre con las bebidas milagrosas de la madre de Isolda, entre las cuales hay bálsamos curativos, filtros de amor y terribles venenos. Pese a los esfuerzos de Brangäne, Isolda escoge un veneno mortal para dárselo a Tristán. Cuando Kurwenal aparece para anunciar que la costa está próxima, Isolda dice que no irá a presencia del rey a menos que Tristán se presente para tratar de una deuda no saldada.

Mientras Tristán se acerca, Brangäne trata en vano de ablandar a Isolda. Tristán escucha atento el relato que hace Isolda de la afrenta recibida, la acepta como propia y ofrece a Isolda su espada, dispuesto a morir en desagravio. Pero ella se niega y le ofrece lo que llama la copa de la reconciliación. Tristán intuye el engaño, pero bebe sin vacilar; entonces Isolda, enamorada y pesarosa, le arranca la copa de las manos, y bebe el resto, pensando que así morirán ambos.

Pero Brangäne, incapaz de ser cómplice del asesinato, ha cambiado el veneno por un filtro de amor, que inflama los sentidos de los enamorados. Murmuran cada uno el nombre del otro y se abrazan, apasionadamente. En este momento se oyen las trompetas que anuncian la llegada del rey. Isolda cae desvanecida en brazos de Tristán. Sus damas la recogen y la llevan hacia donde espera el rey Marke.

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Acto II

El rey Marke se ha ausentado de su castillo, según se ha dicho, para una partida de caza. En realidad, es una añagaza sugerida por Melot, amigo de Tristán, pero que, convertido en traidor, le está vendiendo al rey.

En el jardín, a la entrada de las habitaciones de Isolda, Brangäne sigue con la mirada a los cazadores que se alejan: “Noch sind Sie nah” (Aún están cerca). Isolda espera ansiosa a Tristán, con el que se ha citado. Brangäne previene a Isolda acerca del traidor Melot, pero Isolda cree que Melot ha aconsejado la partida de caza para favorecer sus amores con Tristán. Brangäne sigue sospechando una asechanza, por lo que duda en hacer la señal convenida para que Tristán se acerque, que es apagar la antorcha. Isolda, impaciente, se la arranca de las manos y la arroja al suelo.

Mientras Brangäne se aparta y vigila, aparece presuroso Tristán y ambos se arrojan uno en los brazos del otro. Hundidos largo rato en un sueño amoroso, no advierten que despunta el día ni oyen la advertencia que les hace Brangäne de que acercan cautelosamente el rey Marke, Melot y los cazadores. También Kurwenal grita advirtiendo del peligro, pero ellos están sumidos en su amor. La agria voz de Melot, que se jacta de su hazaña, logra volverles en sí. Sin embargo, Marke no se muestra agradecido a Melot, y permanece callado, al igual que Tristán, que no esperaba la traición de su amigo.

Tampoco sabe qué decirle a su tío, al que lamenta haber traicionado. Abatido, resignado y presintiendo la muerte, pregunta a Isolda si quiere seguirle en el largo e ignorado camino del más allá. Melot incita al rey a la venganza y eso despierta a Tristán, que se precipita sobre Melot con la espada desenvainada: “Wer wagt sein Leben an das meine” (Qué más da, su vida o la mía), pero, en el momento en que Melot saca la suya, Tristán se entrega y presenta el pecho desnudo. Cae mortalmente herido en brazos de Kurwenal, mientras Isolda grita horrorizada. El rey Marke ordena prender a Melot.

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Acto III

Ruinas del castillo de Kareol, en Bretaña, residencia hoy abandonada de los antepasados de Tristán. Kurwenal ha conducido allí a su amo para intentar salvar su vida o para que, si no lo consigue, muera en casa. Entretanto ha enviado mensajeros a Isolda para comunicarle dónde está Tristán y pidiéndole que acuda a salvarle. Al principio, ambos duermen, mientras un Pastor toca su caramillo, personificado en la orquesta por el corno inglés, un pasaje lleno de melancolía y añoranza.

Tristán está amodorrado y sueña que ya ha muerto. Kurwenal habla con el Pastor y le envía a ver si hay algún buque a la vista, pero el otro regresa desalentado: sólo el inmenso mar. Cuando Tristán despierta -“Wer ruft mich?” (¿Quién me despierta?) -, Kurwenal no cabe en sí de gozo y cae a sus pies. Después, trata de incorporar a su amo, quien se lamenta de estar todavía vivo, pues vivir es para él una tortura.

El Pastor ha vuelto a tocar el caramillo, por lo que toda la queja de Tristán tiene como fondo el corno inglés, quejumbroso y doliente. Pero, de repente, el Pastor cambia de tonada, que es ahora alegre; un buque se acerca. Tristán invoca el nombre de Isolda, la única cuya presencia podría salvarle, pero es demasiado esfuerzo para él. Desesperado, se arranca los vendajes de su herida y cae muerto, pronunciando el nombre de la amada.

En medio de una apoteosis, entra Isolda, -mientras se escucha en la orquesta el motivo de la felicidad: “Ha! Ich bin’s! Ich bin’s!” (¡Ah, soy yo, soy yo!)-. De repente ve el cadáver y cae desvanecida a sus pies. Se oye entonces el ruido de la llegada de un segundo buque, el del Rey. Kurwenal cree que viene en son de guerra y sale con el Pastor para rechazar el ataque. Hay pelea, y en ella quedan muertos el Pastor, Kurwenal y Melot. El rey Marke, que venía a comprender y perdonar, y una desolada Brangäne, escuchan a Isolda entonar la desgarradora melodía de la “Muerte por amor“. Al final se desploma; ha fallecido.

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Fuente: http://www.wagnermania.com

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