Circula por ahí un viejo documental codirigido por un joven y aún desconocido Robert Altman, sobre James Dean. The James Dean Story (1957). Muy recomendable.

Mi ignorancia me hacía entrever a un James Dean frívolo, guaperas y aficionado a la velocidad que acabó accidentándose con un Porsche Spyder.

Había visto ya toda su filmografía (sólo tres películas y todas muy recomendables) pero el mito Dean no me dejaba entrever a la persona.

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Que James Dean es muy guapo y muy rebelde se observa en cualquier imagen suya. Pero al igual que Marilyn Monroe, existía una persona detrás. Una persona que, como Marilyn, estaba profundamente sola y vacía. Y aunque adulada, deseada y casi venerada (más, tras sus trágicas muertes) estaban muy desamparados.

JamesDean

El documental ha cambiado mi percepción sobre James Dean. Me lo ha acercado. O nos hemos acercado, porque si de algo verdaderamente sé yo, es de vacíos, soledades y desamparos.

En sus propias palabras, Dean dice “necesito a la gente pero la aparto de mí. Creo que estoy vacío, que no merezco nada bueno, que nadie puede quererme. Y temo tanto que me dejen, que no permito a que nadie se acerque a mi”.

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Esto ha coincidido, en mi espacio-tiempo, con un panegírico que una amiga me ha dedicado, en el que me atribuye un comportamiento parecido. Reservado, replegado en mí mismo y con las escotillas y los puentes levadizos siempre cerrados. Hum…