Es ahora, querido lector, cuanto tienes que preparar tu corazón y tu espíritu para el relato más impuro que haya sido nunca hecho desde que el mundo existe, ya que no se ha encontrado un libro parecido ni entre los antiguos ni entre los modernos.

Tras la adaptación de Pier Paolo Pasolini (ver aquí) me aventuré a leer al Marqués de Sade, en todo su esplendor y su brutalidad.


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Mi impresión coincide con la que describe Luis Buñuel en su biografía:
Al leerlo me sentí profundamente sorprendido. En la universidad no se me había ocultado, en principio, ninguna de las grandes obras maestras de la literatura universal. ¿Cómo podía yo ignorar la existencia de este libro extraordinario, que examinaba la sociedad desde todos los puntos de vista, magistral y sistemáticamente, y proponía una tabla rasa cultural? La universidad me había mentido. Otras “obras maestras” me parecían al instante apenas sin valor […] ¡deberían haberme hecho leer Sade mucho antes que las demás!

Luis Buñuel. Mi último suspiro

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Cuatro libertinos, prohombres de la sociedad, se encierran en un castillo con cuatro alcahuetas, cuatro viejas sirvientas, ocho jodedores (elegidos por el tamaño y diámetro de sus miembros) y un exquisito serrallo de niñas y niños (de doce a quince años), vírgenes por todos lados, y que han sido raptados, engañados o arrancados de las manos de sus progenitores.

…lo que yo aconsejo, después de esta exposición, que toda persona devota lo deje enseguida si no quiere ser escandalizada, porque el plan es poco casto y nosotros respondemos por anticipado que la ejecución del mismo lo será mucho menos.

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Los libertinos se reparten sus hijas como esposas; estipulan unas leyes de comportamiento y tapian los accesos al castillo de su harem.
El objetivo es disfrutar de las historias de las alcahuetas, que ejercen de narradoras, y poner en práctica todas aquellas pasiones (perversiones), divididas en cuatro grupos y que van, en un crescendo depravado que termina en una espiral sádica de mutilación y muerte.

La filosofía de los libertinos se podría resumir así: Nada es malvado si te da una erección, y el único crimen en este mundo es el de negarte algo respecto a eso.

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Pero hay que decir que 120 jornadas de Sodoma no es un libro erótico. Ni pornográfico. Es un crudo retrato de la condición humana y cómo el vicio pide más vicio, cómo el mal exige más y mayores vilezas:
Yo que os estoy hablando, he tenido erecciones robando, asesinando, incendiando, y estoy perfectamente seguro de que no es el objeto del libertinaje lo que nos anima, sino la idea del mal, y que en consecuencia es sólo por el mal por lo que tenemos erecciones y no por el objeto, de tal suerte que si el objeto estuviese desprovisto de la posibilidad de empujarnos a hacer el mal no tendríamos erecciones a causa de éste.

Cuando el mal embriaga el poder (o cuando el poder embriaga el mal) los resultados son siempre funestos:
Cien veces he dado mi voto cuando estaba en el Parlamento para hacer ahorcar a desgraciados que yo sabía eran inocentes, y nunca cometí esas pequeñas injusticias sin experimentar dentro de mí un cosquilleo voluptuoso, allá donde los órganos del placer de los testículos se inflaman pronto. Juzgad lo que he sentido cuando he hecho algo peor.

Que este no es un libro feminista, resulta más que evidente. Que la mujer es mucho menos que un objeto, también. No citaré sus proclamas, sólo una pincelada maternal:
Es una locura imaginar que debamos nada a nuestras madres. ¿Y sobre qué se fundaría nuestro agradecimiento?: ¿Sobre lo que gozaba cuando era jodida? Seguramente, no es para menos. En cuanto a mí, yo sólo veo en ello motivos de odio y desprecio. ¿Nos da la felicidad al darnos la vida?… Lejos de esto. Nos arroja a un mundo lleno de escollos, y a nosotros nos toca salir de apuros como podamos.

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Humillaciones, vejaciones, abusos, escenas escatológicas, mutilaciones y actos de vicio y sadismo sin reserva, todo ello, aparte de un listado de perversiones que darían material a psicópatas, maníacos sexuales, violadores, proxenetas, y demás monstruos humanos (humanos como tú y como yo), el libro tiene un fondo que lleva a interesantes reflexiones.
Cualquier cosa, por horrenda que quieras suponerla, deja de ser horrible para uno en cuanto le hace descargar; ya no lo es, por lo tanto, sino a los ojos de los demás, pero ¿quién me asegura que la opinión de los demás, casi siempre falsa sobre todos los objetos, no lo es igualmente en este caso? No hay -prosiguió- nada fundamentalmente bueno ni nada fundamentalmente malo; todo es sólo relativo según nuestras costumbres, nuestras opiniones y nuestros prejuicios. Establecido este punto, es extremadamente posible que una cosa del todo indiferente en sí misma sea, no obstante, indigna a tus ojos y muy deliciosa a los míos y, ya que me place, teniendo en cuenta la dificultad de asignarle un lugar justo, ya que me divierte, ¿no sería yo un loco si me privase de ella sólo porque tú la condenas?

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Este es un libro que amplía miras y te hace ser menos ciego al mundo en el que vives.
El propio Marqués nos indica cómo hay que acoger su libro, una filosofía aplicable no sólo a su lectura, sino a la vida misma:
Sin duda, muchos de los extravíos que verás pintados te disgustarán, lo sé, pero habrá algunos que te enardecerán hasta el punto de costarte semen, que es lo que se requiere; ¿si no lo hubiésemos dicho todo, analizado todo, cómo querrías que hubiésemos podido adivinar lo que te conviene?
Eres tú quien tiene que tomarlo o dejarlo y abandonar el resto, otro hará lo mismo que tú, y poco a poco todo habrá encontrado su lugar.


Supón una magnífica comida donde se ofrecen seiscientos platos a tu apetito; ¿los comerás todos? No, sin duda, pero este número prodigioso amplía los límites de tu elección, y encantado por este aumento de facultades, no regañas al anfitrión que te regala. Haz lo mismo aquí: escoge y deja el resto sin declamar contra él, sólo porque no tiene el talento de complacerte. Piensa que complacerá a otros, y sé filósofo.

Todos los fragmentos son de: 120 jornadas de Sodoma (Marqués de Sade)

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Comentario acerca de la versión cinematográfica de este libro: Saló o las 120 jornadas de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini; aquí

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