Entre las películas que le cambian a uno (ejemplo) y con las que uno se dedica a cambiar de canal (ejemplo), existe el abismo de todas aquellas películas desconocidas que las televisiones pasan como simple relleno de su parrilla y cuyo único aval para verlas, es la presencia de una estrella (generalmente en decadencia en los tiempos de la película y casi olvidada hoy).
A mi me encantan estas películas desconocidas en los que hay –por así decirlo- el reflejo de una estrella.


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El hombre de la medianoche es una de estas. Y la estrella: Burt Lancaster.

Sinopsis: un expolicia, que está en libertad condicional, consigue, gracias a un amigo, un trabajo como vigilante nocturno en una universidad. Una noche, una estudiante es asesinada. El sheriff local enseguida detiene a un sospechoso, pero la experiencia del protagonista le dice que ese no es el culpable e inicia, por su cuenta y riesgo, las pesquisas necesarias…

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Podría decir que esta es una de aquellas películas en cuyo tercio final hay una “serie de giros inesperados”, pero más cierto será decir que, en su tercio final, lo que hay es una “espiral mareante de giros”.

No revelaré quien es el verdadero asesino, sino que revelaré quien no lo es: el sheriff local no es el asesino. Dicho esto, reto al ocasional espectador a pasarme un organigrama completo de la conspiración de malvados. Si es que logra entenderla.

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El guión también apunta hacia temas tabú (para algunas épocas) como son el incesto o el lesbianismo. Aunque no concreta, ni mucho menos muestra. Lo más atrevido que veremos será una mujer en sostén, y francamente, es un modelo de sostén que le quitan a uno las ganas de mirarlo.

El_Hombre_de_la_medianoche

Pero esta película contiene una replica que merece ser recordada. Se produce cuando el (poco) apenado padre de la fallecida conoce al vigilante nocturno:
– No parece usted un simple vigilante nocturno…
– Fui policía, en homicidios.
– ¿Jubilado?
– Expulsado… maté a un hombre.
– ¿En acto de servicio?
– No, en la cama de mi mujer.
😀