Hoy es el cumpleaños de Sigfried Wagner; o lo sería si estuviera vivo, claro. Hoy, 6 de junio, llegaría a los 140 años.

Siegfried_WagnerSiegfried Wagner

Una de las razones a las que aludía Adolf Hitler para no tener descendencia, es que los hijos de una gran personalidad siempre quedan sepultados por la fama de su progenitor.

Aunque por “gran personalidad” Hitler se refería a sí mismo, la reflexión no deja de ser cierta. Y lo es en grado sumo en el caso de Sigfried que, por si alguien no lo ha deducido aún, era el hijo de Richard Wagner y Cosima (de soltera, Cosima Liszt, hija de otro genio musical: Franz Liszt).


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Sigfried Wagner seria uno de los compositores y directores de orquestra más importantes de inicios del siglo XX, SI NO FUERA el hijo de Richard Wagner.

Ser hijo del -quizás- compositor más megalómano de la historia de la música, trae muchísimos quebraderos de cabeza cuando, aparte de dedicarte a lo mismo que papá, se espera de ti que tomes las riendas del Festival de Bayreuth.

El wagnerismo es, para algunos, casi una religión, cuyo centro de peregrinación es ese pueblecito: Bayreuth. Allí se rinde culto al maestro, y desde allí, su descendencia -que llega a nuestros días-, sigue al frente del Festival con la misma férrea dedicación que lo hace una genealogía real a su trono.

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Si he ensuciado algo este post hablando de Hitler no es porque fuera éste un gran fan de Wagner, ni porque fuera recibido con grandes honores en Bayreuth por Winifred (la viuda de Siegfried), ni por todos aquellos vínculos nazis que han contaminado, y con los que han querido contaminar, el wagnerismo, sino por algo mucho más anecdótico:

De todas las leyendas acerca de Hitler, una de las más infundadas es la del hijo que tuvo con Eva Braun. Un hijo (inexistente) que se ha dada en bautizar: Siegfried.

No por el señor que hoy cumple años, sino por la ópera de Wagner (padre). La segunda jornada del Anillo de los Nibelungos se titula así: Siegfried.
(También las hijas de Richard Wagner -Isolde y Eva- tenían nombres de personajes de sus óperas. Otra muestra de la peculiar endogamia entre arte y vida).

Para más anécdotas acerca del wagnerismo, podéis consultar aquí

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Mi interés por Siegfried nace a partir del descubrimiento de una lapidaria frase, en la que cita a su abuelo, y en la que demuestra lo consciente que era del olvido en que se vería sumido al continuar la compositiva saga familiar:

Puedo esperar, dijo Liszt; ¡y también lo digo yo! Aunque lo primero que sepan de mí, sea mi esquela en el periodicucho local.”