Me siento impulsado a escribir algunas notas acerca de la última película de Pier Paolo Pasolini, aunque tras verla no pensaba hacerlo. Al adaptar una obra del Marqués de Sade que no conozco, me parecía impropio hablar de ella sin conocer la obra original; sin saber qué porcentaje de culos pertenecen a la mente del Marqués y cual a Pasolini. Pero tras pasarme por las críticas de los usuarios que hay en Filmaffinity, me siento algo triste.

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Sobre gustos, ya se sabe… Yo respeto y comprendo que haya gente que no le guste (ésta o cualquier otra película). Lo que entristece es la ignorancia. Y cómo luego se crea un laberinto de malentendidos, equívocos y falsedades.

Falsedades como que Saló es una película porno. El que la vea con tal intención, sufrirá un terrible gatillazo, porque esto NO es porno. Francamente, hay que ser melón para considerar porno una película sólo porque salga gente desnuda o haya escenas de violaciones, abusos y sexo. (Esto no viene al caso, pero tampoco me parece porno El Imperio de los Sentidos –para mí, una de las mejores historias de amor rodadas jamás-).

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Entiendo que en 1975 Saló debió provocar cierto terremoto. Pero ahora, 2009, Saló o 120 días de Sodoma no me muestra nada que yo no haya visto ya. Nada.

Por ello, a todos lo que se escandalizan y la definen como “lo más repugnante”, sólo puedo decirles: lo siento, siento que te hayas quedado atrapado en el tiempo y sigas viviendo en 1975.

Salo_PasoliniLo repugnante aquí es lo que no veis😄

No seré yo quien diga que la última película de Pasolini es una obra maestra, no me lo parece; decir que es buena, ya sería –para mí-, exagerado. Pero contiene, aparte del atrevimiento del director de realizarla (hay que tener valor para rodar una obra por la que ya sabes que te echaran tanta mierda –ehem- encima), contiene, decía, momentos bellos. Son bellos los relatos que hacen las madames en la sala de la orgía, con los jóvenes desnudos repartidos por la sala, y en unas composiciones plásticas que mis nulos conocimientos de arte me impiden relacionar con corrientes o pintores, pero es evidente que haberlos hailos. Son bellos pasajes los de la banda sonora, o son bellas -¿para qué negarlo?- algunas de las muchachas que aparecen pululando por la mansión.

Esas mismas composiciones de desnudos durante los relatos de las madames, contribuyen a la artificiosidad de la historia. Están demasiado quietos. Uno se pregunta: si la muerte es lo único que les aguarda, ¿por qué no huyen todos en desbandada? Sirva aquí las respuestas de los supervivientes de los campos de exterminio (que también eran muchos más que los guardas, y a los que también sólo esperaba la muerte y que, ante estas perspectivas, acataban borregamente su exterminio).

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Si Saló es un alegato antifascista (que lo es, por la ubicación temporal) parece evidente que a Pasolini se le ha derramado el vaso. O como se dice en català “pixa fora de test” (muy apropiado a las lluvias doradas de la película). Y es que lo escatológico gana, de calle, a los momentos de denuncia fascista.

Salo_o_los_120_dias_de_Sodoma

Los que van a morir, te saludan

Aunque a una obra se la valora en concreto, es innegable que algo que diferencia aquello que tiene talento de lo que no, es la repercusión posterior que provoca. Que más de un director porno, de ese subgénero que mezcla porno y nazis, ha visto Saló, es evidente. Que autores de manga como Suehiro Maruo la han visto, o han leído al mismo Marqués, también parece coherente, pues su “La sonrisa del vampiro” ofrece todo una galería de parafilias sexuales-escatológicas que harían levantar el aplauso de ese fanático de los traseros, que era Pasolini. Y seguro que hay muchos más, a los que esta provocadora obra, ha fascinado y ha repugnado. Pero yo soy demasiado ignorante para saberlo… pero a diferencia de algunos de esos “críticos” escandalizados, yo soy consciente de mi ignorancia. Y procuro remediarla.

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