Viendo Maridos y mujeres (Husbands & wifes) de Woody Allen, no puede evitar acordarme de Secretos de un matrimonio, de Ingmar Bergman.

Hay muchos paralelismos entre las dos, y existe una devoción del genio neoyorkino hacia el maestro sueco, que se aprecia en películas “bergmanianas” como Interiores (imagen de cabecera del blog) o Setiembre.

Maridos_y_mujeres-WoodyAllen

Esta “deconstrución” de la vida matrimonial, esa confrontación de la realidad contra la parafernalia del amor eterno y los orgasmos al unísono (“el único orgasmo conjunto que tuvieron fue cuando se les otorgó el divorcio”), esos engaños, esa violencia, ese egoísmo, esa brutalidad de las cloacas de las relaciones… eso es tan humano, que en momentos de talibanismo (todo fan de algo, puede volverse talibán) dictaría que tales obras de arte deberían ser de obligada visión (aún sabiendo que todo lo obligado produce una reacción de rechazo), pues muestran algo más real, que la tan hipócrita y falseada realidad en la que vivimos. Y de la que nos esforzamos por ver sólo lo que creemos que nos conviene.

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Yo me lo pasaba bomba viendo a Paul Reiser y Helen Hunt en la serie Loco por ti. Esa visión afable, y para todos los públicos, de la relación matrimonial perfecta. Y la sigo viendo, cuando la reponen. Pero, en la vida real, la sangre se coagula y la carne se pudre: Woody Allen rueda una película, y Ingmar Bergman hizo algo más.

Woody_Allen_Mia_FarrowMia Farrow y Woody Allen, matrimonio real y ficticio

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Supongo que nunca sabremos que parte de ficción hay en las realidades matrimoniales de estos dos autores. Woody, en sus películas, se separa o se junta con mujeres con las que, realmente, o estuvo casado o con quien estuvo unido. De Bergman sabemos, gracias a su biografía (La linterna mágica) que no sólo sacaba frases de sus peleas domésticas para sus películas, sino que parte de su obra recrea, con todo detalle, su vida, su infancia y sus relaciones.

Esto es de un egocentrismo que roza lo enfermizo, sí. Pero como dijo cierto neorrealista italiano (cuyo apellino termina en INI) “no hay nada más universal y atemporal, que algo profundamente personal y concreto”.

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