Autor: Syuho Sato. Tomos: 13. Editado por: Glénat.
Género / Estilo: Manga; drama médico realista.

Eijirô Saitô empieza sus prácticas como médico en el hospital Eiroku. Deberá pasar un tiempo en cada una de las áreas del hospital y procurar aprender todo cuánto pueda antes de decidirse por una u otra especialidad. Al empezar, su voluntad es a prueba de bombas… pero durante su primera noche de guardia, ya se da cuenta que en la universidad no le han preparado para la cruda realidad.

SayHelloToBlackJack

He leído mangas entretenidos y mangas altamente adictivos. He leído mangas que me han gustado más y otros menos. Algunos autores, como Tezuka o Tatsumi me han soltado bofetadas de realidad, haciendo de su arte algo más que un mero entretenimiento, diciéndome algo.
Ese algo que no se puede detallar en un comentario, porque es indefinible e individual, como si lector fuera un campo y la lectura, unas semillas echadas; y si se dan las condiciones, florecen.

No he terminado Say hello to Black Jack, ni siquiera estoy a la mitad, pero no hace falta llegar tan lejos para el impacto. Desde el primer tomo uno se percata que esto no es ni un manga corriente, ni siquiera una historia corriente.

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Cada encontronazo que el idealismo de Saitô tiene con la realidad, produce profundas grietas en el lector. Aquí no hay buenos y malos. Aquí hay personas, con sus contradicciones, sus miedos y sus impotencias. Y está la realidad, que es así de inapelable:

Uno de cada dos japoneses sufre cáncer durante su vida. Y uno de cada tres, muere a causa de ello.

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Personalmente, me alegro de no vivir en Japón, ni estar bajo las redes médicas de ese país, que éste manga saca a relucir, con sus incoherencias y sus contradicciones, denunciando cómo la estructura a menudo se olvida de las personas.

Pero en el resto del mundo, rectifico: en el resto del “primer” mundo, las cosas no pueden ser muy diferentes (ni lo son, según dice una doctora del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, que aporta su visión en un comentario al final del tomo 3: “He recomendado este cómic a todos mis residentes, para que sepan que en todos los sitios cuecen habas. Y para que no me lloren tanto.”).

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He querido escribir esto ahora, sin saber aún si Saitô pasará a esa segunda etapa que a todo médico le llega, en la que se limita a atender lo mejor que puede el paciente que se le pone delante. O si seguirá con su dolorosa y cruel lucha contra un sistema descomunal que atiende, cura y ayuda, cada día, a decenas de miles de ciudadanos. Y salva miles de vidas, aún perdiendo algunas por el camino.

Sólo que cada una de esas vidas que pierde, tiene familia, amigos y conocidos, para los que el paciente es algo más que un número negro en una estadística fría.

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