Henning Mankell escritor sueco, notorio en novela negra y por su personaje del comisario Kurt Wallander, era un completo desconocido para mi.

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Mi primer Mankell ha sido su novela negra La quinta mujer

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Lo que más llama la atención del equipo de Kurt Wallander es su cuotidiana humanidad. No hablo que sean policías íntegros y buenas personas, sino que se enfrentan, aparte de a los casos, a problemas e inconvenientes como: un ataque de gastroenteritis, un resbalón con una mancha de aceite, no tener quién le vigile a uno los niños o perder el tiempo buscando un sitio para aparcar el coche.

Es obvio que todos estos detalles ayudan a que la novela adquiera pesadas proporciones (480 páginas), pero sin ellos, sin estos destellos cuotidianos y humanos, la sucesión de pistas y callejones sin salida, se haría bastante asfixiante.

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Tampoco es La quinta mujer, una simple sucesión de molestias cuotidianas para un equipo enfrascado en la búsqueda de un criminal atroz. Hay algo más. Hay, en el pesimismo del narrador, unos pesados suspiros por los aumentos de la hostilidad y la violencia en la sociedad sueca (que desde aquí abajo, en el mapa, creemos tan progresista y bien asentada).

Una reflexión:
En Suecia la gente ya no se zurce los calcetines. Los consume y los tira. ¿Llegará el día que también tiren (maten) a la gente con la misma indiferencia?

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Un rápido vistazo a la Wikipedia, me aporta un dato simpático sobre Mankell: está casado con una hija de Igmar Bergman.