No hay nada más atroz y ridículo que darse cuenta que uno no tiene libertad de escribir lo que quiera en su propio blog.

Abandoné mi primer blog, porque me asfixiaba la responsabilidad. ¿Cuál? No lo sé… pero sentía como si de repente el suelo estuviera encerado y las paredes pintadas, y yo llegase a veces sucio y con ganas de ensuciar. Y algo me decía que no podía, que no debía hacerlo.

Entonces hice este.
Que no es otra cosa que, (ironía), más de lo mismo. Le puse fecha de caducidad para sobrevivir, pero hace ya algunas semanas que me asfixia.
¿Por qué?
Porque la vida, por más repetitiva que sean sus días, está en un movimiento constante; pero tan lento que es inapreciable. Un movimiento que me ha mutado hasta tal punto que no soy ni por asomo lo que era cuando empecé. O, simplemente, yo ya no me reconozco.

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Y aunque en mi vida no haya pasado nada trascendente (y soy muy consciente que con esta frase acabo de borrar de un plumazo: muertes, besos, viajes, miedos, encuentros, descubrimientos y engaños) esto es un molde en el que ya no encajo.


trevorbrownIlustración de Tevor Brown

Todo está en continúo cambio y a la vez, nada cambia. O como dice el clásico: todo cambia para seguir igual.