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De las múltiples cabezas de esa serpiente que fue el Tercer Reich, siempre me ha fascinado Joseph Goebbels.

Uno de los más cultivados jerarcas nazis (doctor por un par de universidades), era, físicamente, la antitesis del ario modélico que su propaganda publicitaba. En seguidísimo a Hitler, sólo queda por detrás de su mujer.

Magda Goebbles, la primera dama del Reich (puesto que la existencia de Eva Braun sólo fue conocida por los alemanes tras la guerra) tuvo, durante toda su vida, una fascinación por Hitler sólo equiparable a la de aquellas personas sumergidas en las redes de alguna secta.

Sabido es que trajo a sus hijos al búnker, y que ella misma los mató: “No vale la pena vivir en el mundo que vendrá tras el nacionalsocialismo y sin el Führer”.


goebbels_familyLa (verdadera) familia Goebbels al completo

Ha habido otras muchas madres que antes del suicido, han asesinado a su prole. Quizás ninguna tuvo tanto trabajo (cinco niñas y un niño) y tan “alta” posición social como Magda.

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La película El hundimiento, que es casi uno de esos “documentales recreadores de hechos”, pinta con una frialdad y una entereza extraordinaria a Magda Goebbels.

goebbels_family_cineLa familia Goebbels en la ficción

Quizás la decisión ya estaba tomada cuando el matrimonio decidió enterrarse en el búnker, y se limitaron a aplicarla con aquella determinación funcional con la que siempre se ha dibujado el carácter alemán. Determinación funcional que parece que tenían la mayoría de nazis, para los que el exterminio de personas era una tarea que debía ejecutarse con el máximo nivel de eficacia, y sin cuestionamiento ético o moral alguno.

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Aún así, me atrae y me repulsa por igual esta fanática mujer y su manipulador marido (al que las agencias de publicidad y los gabinetes de prensa políticos deben tanto. y al que, aunque no le nombren como inspiración, es más que evidente que han estudiado).

el_hundimiento_goebbelsHollywood hubiese “rematado” esta escena con alguna frase manida. En El Hundimiento sólo hay silencio.

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