No es la primera vez que me las tengo con (alguna) de las teleoperadoras de Timofónica.
(Anteriormente en este blog: Caro diario, La crisis me llama).
Yo supongo que tienen un ejército de teleoperadores clones, algo así como uno despacho infinito lleno de mesitas en diminutos departamentos, como la mesa de CC Baxter en El Apartamento.

ccbaxterJack Lemmon (C.C. Baxter) yendo hacia su mesita

El pasado lunes llamaron. El motivo era proponerme una maravillosa oferta que no podía rechazar. Me encontraba yo ocupado en la única ocupación que no debe ser interrumpida (¬_¬ la escritura, malpensados). Le propuse amablemente que llamase al día siguiente, y hasta le di la hora. Ella tomó nota (aunque se ofreció a llamar más tarde. Dijo que ellos -la horda de teleoperadores clones- trabajan hasta las diez de la noche-. Sentí algo de lástima por aquella sobreexplotación laboral, pero me despedí con amabilidad. (Que no le colgué, quiero decir).

Al día siguiente a la hora convenida no llamó. Ni al siguiente, ni al otro.


.

Y este sábado, a las 14:05 -en plena emisión de RAW-, ha llamado. No hace falta decir que le he colgado en las santas narices.
¡La hora (cuarenta minutos con anuncios) es sagrada!😀


.

De esto podemos sacar varias conclusiones:
a) Que si alguien me llama a la hora del Pressing Catch, va a recibir una mirada furibunda (a lo Randy Orton) y que le cuelgue el teléfono a lo bruto.

b) Que, como cualquier otro inadaptado, creo –ilusamente- que puedo adaptar el mundo a mis necesidades (“no, llame usted tal día a tal hora”), en lugar de adaptarme yo al mundo. Da pena ver que hoy en día sigue habiendo gente que sufre horrores por el simple efecto de nadar contracorriente, con lo fácil que es dejarse llevar…


.

.