Antes de empezar a leerlo, me atraía el título. Me atraen todos los títulos con la palabra muerte. (Esto es como ese chiste, de una película de Woody Allen: una pareja se disuelve y ella –creo que “Annie Diane Keaton Hall”- dice: “separar los libros será fácil: todos lo que tienen la palabra “muerte” en el título son tuyos.” :D).

veronika

Abrí. Leí con desinterés la críptica dedicatoria y las citas bíblicas, y me adentré en la primera página del libro. Nunca un libro me había provocado una repulsión tan grande, tan pronto.

Hasta ahora, creo que el record lo tenía American Psycho, que empezó a irritarme sobre la página tres (y no por que fuera un asesino, ¿acaso no nos atraen los malotes?, sino porque el narrador, el propio Patrick Bateman, describe con orgullo sus sesiones de gimnasia y culto a su cuerpo. El futuro asesino me pareció un cursi ridículo).

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Lo que me irrita es que el señor Paulo Coelho se menciona a sí mismo desde una posición de narrador-dios. “Un juego de ordenador creador por Paulo Coelho, un escritor brasileño al que…”. (Anotación: La diferencia entre esto y lo que hacía Hitchcock -cameos en sus películas-, es un pelín diferente: Hitch no influía en la narración, sólo pasaba por ahí).

Superado este primer escollo de molestia, seguí adelante.

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En el capítulo tres tuve que detenerme otra vez: “Paulo Coelho conoció la historia de Veronika…”.

Pero bueno, me dije, qué pretende este tipo ¿qué se le adore como se adora él a sí mismo? (Para más rabia, una foto de Paulo Coelho en la tapa trasera te mira sonriendo, como queriendo decir: “Exacto lector@, soy el fabuloso Paulo Coelho”).

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Entonces invertí unos minutos en decidir si seguir o lanzar el libro por la ventana (es un decir, porque el libro no es mío, y quien me lo dejó puede estar leyéndome ahora mismo… ¡glups!).

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Continuará…