Desde mi gran ignorancia creía, hasta no hace mucho, que Osamu Tezuka (el padre del manga) era una especie de “Disney japonés”. Un pionero, de dibujo algo infantil, con historias simples y llenas de inocencia. Pues no.
Para afrontar este prejuicio, me adentré en la vasta obra de Tezuka con un manga que, con el título, ya tenía poco de inocente e infantil: ADOLF (un comentario, aquí).

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Acabo de descubrir Bajo el aire. Tomo único de la editorial Dolmen que reúne 16 relatos breves del maestro –uso el adjetivo maestro porque este autor bien se lo merece-.

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Más allá del llano entretenimiento con las viñetas, Tezuka ofrece ventanas a abismos humanos (contradictorios, truculentos, sombríos,…) con los que reflexionar acerca de esa extraña criatura llamada ser humano.
Asesinatos, incestos, catástrofes nucleares, apariciones, fantasmas vengativos, zoofilia, venganzas, odios y amores apasionados,…

Piezas humanas, despojadas de moralina, que uno debe comer crudas y con los dedos sucios (a no ser que niegues ser humano). O dicho de otro modo: historietas que son como “bofetadas de realidad”. Expresión que me saqué de la manga para intentar describir la maravillosa obra de Yoshihiro Tatsumi (Mujeres; Infierno; Venga, saca las joyas).

Por pura cronología, es evidente que Tatsumi, el creador del Gekiga (algo como “dramas ilustrados”), bebe de la influencia de Tezuka. (Al César lo que es del César).

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Como cualquier autor, Tezuka también tiene ideas recurrentes. Es en las historietas cortas, como en Bajo el aire, donde más claras se ven sus obsesiones:

  • Gente aislada (aislada en un valle, en la luna, en una nave espacial, en un pueblecito, en una isla o en la gran ciudad…) y la necesidad imperiosa de la supervivencia (lo que lleva incluso al incesto).
  • Supervivientes (de la guerra, de los nazis, de la cárcel, de un cataclismo nuclear, de las circunstancias,…) que se transforman –y se disponen a todo- para sobrevivir.
  • La atracción por la cultura occidental, en especial Estados Unidos, le lleva a escribir sobre el racismo de Harlem, o a dibujar un western (O_O). Y a la vez, no olvida, viejas leyendas japonesas (tan atrayentes para los ojos occidentales).
  • Y en todas esas historias, una voluntad de justicia que a menudo llega del Más Allá, porque la del mundo, la de los gobiernos, ni aparece ni se la busca…

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Me quito el sombrero (primero me lo he puesto, se entiende😀
Es más actual, más vivo, más latente, más REAL que el manga actual o, paradojas, que la propia realidad.

Como mi fascinante Tatsumi, como Georges Simenon en sus novelas duras, Tezuka no quiere llevarte lejos de la realidad, al contrario, apunta con el microscopio a un cosmos infinito y aterrador: el ser humano.

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