Esta semana, he tenido que enfrentarme a mi pasado con sendas visitas a centros educativos para pedir mis rumbosos diplomas de (ojo al nombre oficial) Técnico Superior en Administración de Sistemas Informáticos y en Desarrollo de Aplicaciones Informáticas (y olé).

Hasta ahora nunca me había preocupado de obtenerlos. En realidad, ni siquiera tengo el diploma de Primaria ni el de Secundaria (¬¬ ¿para qué lo quiero? ¿Para colgarlo en el cuarto de la lavadora?).

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Hay que rellenar un extenso formulario y pagar. Sí, pagar. Y la cifra no es algo simbólico, todo lo contrario. Me asombré tanto al ver la cantidad, que le espeté a la chica de administración:
¿Esto hay que pagar? Pero es que yo aprobé
Pues daba por hecho que con tal cantidad sólo podía tratarse de un soborno encubierto. Pues no.
Así, francamente, da igual que termines con un 5.00 o con un 9.00 (no diré cual de las dos es mi nota), porque tienes que entregar una fortuna igual (¿no debería ser la nota inversamente proporcional a la cantidad?), para un papelote oficial con una firmas fotocopiadas y un sellazo de un funcionario mohoso. Y encima -según me han dicho- puede que no lo tenga hasta dentro de…¡1 año!

Así que, mejor me los hago yo mismo:


diplo1.diplo2

Aviso: Si algún día debes acudir a uno de tus ex centro educativos es imposible, repito IMPOSIBLE, no encontrarse con alguno de tus ex profesores. Aunque vayas, como fui yo, de incógnito.

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