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Entre las muchas cosas inútiles que tenía mi padre (aparte de su hijo), había unas hojas de papel de carta en el fondo de un cajón.

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Antes de los e-mails, el correo era postal. Se escribía el mensaje (¡a mano!) en una hoja de papel que se introducía en un sobre en el que se ponía un sello (un día os hablaré de los sellos) y se lanzaba al correo. Tardaba varios DÍAS en llegar (siempre y cuando los de Correos no hicieran vaga –en ese caso podía tardar más de un mes (como bien sabe Selyna)-.
El papel de carta tampoco es papel corriente. Es parecido a las hojas de aquellas libretas, tamaño cuartilla, de hojas de líneas horizontales.

Con el montón de hojas de carta y cuatro grapas (que he aplicado con un invento llamado grapadora) me he fabricado una libreta.

libretaMi libreta

Desde que tenía ocho años, y elaboraba ceniceros de barro y colgantes con macarrones, no había creado algo con mis temblorosas manos y mi nulo talento. Esta vez, a diferencia del macarrón de barro y del cenicero colgante, mi producto hasta tiene utilidad. Estoy henchido de orgullo por haber usado ¡por fin!, la palabra “henchido” en una frase.

En estos tiempos de crisis, cualquier medida para el ahorro es poca.

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