Querido diario: Soy viuda.
Y al día siguiente: Nada que decir.
Y al siguiente: Hoy tampoco nada.
Luego pasan las páginas, visiblemente en blanco, hasta detenerse en la página del día de hoy.

Y así nos muestra Lubitsch, en La viuda alegre, que durante meses, la protagonista ha estado viviendo en ese letargo comatoso en que todos los días son parecidos, o el mismo día.

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Hay días que escribir para el blog es entretenido y me aplico, lleno de ilusión e ingenio. Otras veces, me limito a tirar de rebotica y publicar cualquier cosa que tenga en la recamara, antes que caduque. Y luego están aquellos días en que el blog se asemeja a una pobre bestia a la que hay que alimentar.

humor_animals_rangersNo dé comida a los osos / No pague a los guardas


Nada obliga a ello. Pero soy humano y no podría soportar que otra cosa “mía” se me muriera en las manos. Cojo afecto a las cosas, mucho más que a las personas, porque de las personas he aprendido que es mejor no fiarse demasiado. Será el pesimismo…

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Luego está mi imperiosa necesidad de escribir. No porque me guste o por talento, sino para sobrevivirme. Para no sentir que el día ha sido inútil; para no sentirme inútil con el día. Para no amar a la muerte y volver a llamarla para quedar. Es curioso cómo el ser humano se empeña en mantener relaciones que sabe -¡por fuera ha de saberlo!- que son dañinas para él -o ella ;)-.

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Este es un granito de arena, tan insignificante como todos los demás, pero que hará más grande mi gran playa desierta.

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