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Cuando Marguerite Duras era joven, aunque no tan joven como cuando vivió la historia que luego plasmaría en El Amante, le dijeron:
– Usted escriba. No haga nada más.
O puede que no fuera a ella, sino que ella lo escribiese en uno de sus libros. Poco importa en realidad.

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Duras sí que escribió: “escribo para no suicidarme”.

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Lo he dicho alguna vez, y lo repetiré mientras siga creyendo en ello, mi percepción de mi propia vida (o simple existencia) se resumen en la primera frase de El Amante:
Mi vida empezó demasiado pronto a ser demasiado tarde”.

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Yo escribo por necesidad, ni por gusto ni por afición. No puedo decir que me divierta haciéndolo, aunque creo me hace bien. Y escribo cualquier cosa con tal de no pensar demasiado. Soy un escapista de la realidad, el Houdini de la realidad.

Prácticamente todas las personas (y seres vivos) con los que me he topado, me han dicho que éste es un camino equivocado. Como cualquier religión, partido político, equipo de fútbol, o simple agrupación de borregos que pastan, consideran que su Dios, sus ideologías, sus colores o su hierba, es la mejor. El concepto de los otros, es, ya de por sí, excluyente.

Equivocado o no, hacer los máximos esfuerzos y concentrar las máximas energías a huir –al menos mentalmente- de esta realidad, es a lo que me dedico. Todo lo demás es secundario. Son escenarios, ocupaciones, y malabarismos para salir lo menos salpicado posible de la realidad.
Y sobre esto también escribo, claro

Como si poner mis miserias negro sobre blanco tuviera alguna utilidad.
(Hay gente que lo encuentra útil).
Luego viene el dictatorial ego del creador. Como el joven Vila-Matas yo también quisiera ser un
poeta maldito. Y serlo ahora que aún estoy vivo, pero ese es un lujo que no veré. Quizás por ello voy dejando pistas, para poder decir luego, desde la tumba, “yo ya lo dije”. Aunque por entonces sí que habré huido. Y entonces sí, que mi vida ya será demasiado tarde.

vila-matasEnrique Vila-Matas