.

Mi padre ha fallecido.

El día de hoy lo recordaré (quiera o no) hasta el final de los tiempos. Quizás olvide la fecha (soy así), pero hay otras cosas que harán que lo recuerde.

Ayer vi una película titulada: El camino a ninguna parte
Hoy: Los niños de Brasil

En las dos hay relaciones peculiares padre-hijo (o quizás es que ahora las veo por todas partes).

.

De la relación con mi padre, leí algo en la novela (pseudo) póstuma de Irene Nemirowsky que quisiera compartir:

” .. cualquier tema de conversación era como una zarza. Si no había más remedio que tocarlo, se hacía con infinita prudencia para no pincharse.”

En momento así uno parece vivir en una realidad paralela. Siente la que se le viene encima y también cree que su mundo se vendrá abajo. Pero el mundo seguirá girando mañana, y el otro. Y parece que ni tú, ni nadie, le importe demasiado (y así es).

Mi padre no era alguien que pareciese que iba a morir (no ahora, en estos últimos años la enfermedad le ha arrancado veinte años quizás, y más que el padre, parece mi abuelo, y ahora sí que el final era… una posibilidad probable a corto / medio plazo), pero hace tan sólo un par de años ( o puede que ya tres…) morir parecía no ir con él.

Varias cosas pasan por mi cabeza. Mi eterno sentimiento de culpa, la sensación que se pasó la vida trabajando (¿y pa’qué?), la realidad que él y yo éramos extraños…

Debo dormir. Mañana seria un día complejo.