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Un día de abril del pasado 2007, nuestro amigo Cho entró en su universidad, la Virginia Tech, y provocó la matanza estudiantil más terrible de los últimos años.

Un año de distancia y el rigor de la BBC subrayaban el interés del documental (Masacre en Virginia Tech), que emitió el 60 minuts (Canal 33, martes, 22:05)

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En los vídeos y las fotografías que nuestro amigo Cho mandó a la NBC, hablaba como si lo suyo fuera un acto de venganza. Por los años de vejaciones y humillaciones que he padecido, incluso decía. En el documental, las entrevistas a compañeros de habitación y de clase, desmentían estas hipótesis (aunque esto nunca es del todo fiable, pues el sufrimiento que uno padece es el que siente dentro, y el que siente no tiene porque ser el que los demás ven, o perciben, que sufre).

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Lo que si hace el documental, con mucho tacto, es reseguir una biografía de nuestro amigo Cho. Su timidez extrema, el aislamiento que eso le producía, el diagnostico de “mutismo selectivo”, los personajes que ideó para intentar sobrevivir, sus escarceos en el mundo literario, una débil iluminación a su mundo interpretando, por psicólogos infantiles y expertos criminólogos, sus obras y de sus texto,…

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La interpretación de sus obras, visto lo que ocurrió después, es algo bastante peligroso. Si esos expertos interpretasen la obra de, que se yo, Stephen King… ¿qué conclusión sacarían?

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Nuestro amigo Cho:

Cho mezclaba una visión negativa de sí, de su obra literaria; una permanente inseguridad y a la vez, un egocentrismo y una arrogancia bastante insufrible… algo que no tiene nada de especial. Consultad algunas biografías de escritores y/o directores de cine, y encontrareis esta misma dualidad.

Con la expresión “nuestro amigo Cho” quiero decir que personas como Cho no son unos monstruos extraños (o de serlo, también lo somos nosotros). Es evidente que rebasan un punto de no retorno, y todo ese odio (tan natural como humano) explota por doquier.

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El documental

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