La nueva serie de Antena 3, Sexy Money (Dirty Sexy Money; 2007; ABC) es un extraño combinado.

Un reparto estelar (lo encabezan: mi admirado Donald Sutherland, William Baldwin, y Peter Krause, -uno de los hermanos funerario de A Dos Metros Bajo Tierra-), para un proyecto que presenta el siguiente arranque:

Nuestro protagonista (Peter Krause) es un abogado bueno y padre de familia que se juró, de pequeño, alejarse del mundo de lujo y servidumbre en el que trabajaba su padre. El padre fue, hasta su muerte, el abogado de la familia Darling, un clan tan rico como esnob, con múltiples hijos –cada cual más idiota y despreocupado- con influencias en las más altas esferas.

Muerto el padre, el patriarca Darling (Donald Sutherland) ofrece el puesto al hijo que, traicionando todas sus promesas (a cambio de un sueldazo), pasa a resolver los “importantísimos problemas” de una prole de niñatos malcriados y niñatas estúpidas.

La familia Darling, y su abogado.

El piloto cuenta la vida del protagonista a brochetazos, para llegar pronto al meollo: ahora él ejerce el trabajo que provocó la separación familiar, un trabajo que se juró no hacer nunca.

Como esto por si sólo no da para mucho, el piloto finaliza con la insinuación que el padre fallecido pudo haber sido asesinado.

Encima de tapar los trapos sucios de los hijitos de papá, nuestro prota tiene que resolver la pregunta: ¿Quién lo hizo?

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Sinceramente, el piloto no me convence. Ni siquiera queda claro si la serie apunta hacia la comedia (sea burlona o ácida), o hacia conflictos más profundos.

Pero a favor está mi fanatismo con las series y la posibilidad, aún una vez más, de poder disfrutar con el trabajo de uno de los auténticos dinosaurios del cine: Donald Sutherland.

Donald Sutherland, el patriarca