Esta semana he visto El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith (episodios II i III) de la “hexagología” galáctica de George Lucas. Llegados a este punto, completados los 6 episodios (a falta de verlos algún día “por orden”) mi humilde opinión no difiere mucho de la mayoría: “las viejas” son mejores.

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En los episodios I, II, III el uso (y abuso) de efectos generados por ordenador rellenan y recargan una historia que no es otra cosa que un “complemento” adicional a la pregunta:

¿Qué convierte al joven Anakin Skywalker en Darth Vader?

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Como aquellas novelas del siglo XIX que reseguían toda la vida de un personaje, desde el nacimiento hasta su muerte, Star Wars, es la vida de Anakin Skywalker (partiendo de sus padres, sus mentores, su amor, sus dudas, su transformación, su venganza, sus hijos, y su fin).

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A La Amenaza Fantasma, El Ataque de los Clones y La Venganza de los Sith, les sobran efectos, y se echan en falta aventuras y más humor. De las tres, es La Venganza de los Sith la más amena, sin duda, porque es la que tiene los nexos más próximos con la “trilogía clásica”, y porque es en la que se produce la transformación física del protagonista.

Un protagonista cuyo actor, Ewan McGregor, pese al maquillaje y las mutilaciones, no termina de serme un Darth Vader creíble. Peor es el Obi-Wan Kenobi de Hayden Christensen: sin carisma alguno.

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Aún con estas miserias, si se disfrutó de la originalidad y las aventuras de la trilogía clásica, y se tiene ganas de más, ver esta trilogía del origen de Darth Vader, puede resultar entretenida. Entretenida, que no buena.

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Fuentes imágenes: Filmaffinity