Ojalá fuera más como Miguel Strogoff. Cuando Miguel Strogoff, el correo del zar, tiene un dilema, lo piensa y toma una decisión. Toma una decisión y la lleva hasta el final.

Miguel Strogoff: si hay que ir, se va…

Yo doy dos pasos, dudo, y doy uno atrás. Miro a mi izquierda, luego a mi derecha. Titubeo. ¿Seguro que éste es el buen camino? ¿El más eficiente?
Y mientras dudo, es como si la vida me adelantase.
Y me ha adelantado tantas veces que me siento en la cuneta y espero que vuelva a pasar. Y mientras espero, desespero. Y el que se desespera se anula.

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Si fuese de carne y hueso, Miguel Strogoff ya estaría muerto. (Si tomamos como fecha de nacimiento la pluma de Verne, seguro…). Estaría muerto porque no se doblaría ante nada. Y el que no se dobla, se rompe.

Hay que ser como el bambú.
(Poner cera, quitar cera)
Resistente pero flexible.

Yo soy como una hoja que el viento se lleva de aquí para allá. Vuelva y siente que puede alcanzar las nubes, y se da de bruces contra el suelo, y una efectiva escoba lo barre hacia un lado.

Luego está mi pesimismo, pero de esto hablamos otro día,…

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